Predicadores del Verbo…

para que al mundo no le falte el Evangelio

 

 

 

Queridos jòvenes,

es con profunda alegrìa que saludo a todos los participantes y organizadores del VI Encuentro del Movimiento Juvenil Dominicano Internacional, en Sassone (RM) del 20 al 27 de agosto del 2000.

 

El tema que han elegido para este encuentro hace pensar no sòlo en vuestra identidad de predicadores, sino tambièn en vuestra comùn misiòn. Somos predicadores de la Palabra de la Vida, venida al mundo para salvar al mundo; y la idea de que a alguien le pueda faltar esta Palabra debe estimularnos para un compromiso màs profundo y màs incisivo. Junto con Domingo que, segùn la expresiòn de Catalina de Siena, "tomò el oficio del Verbo", cada uno de ustedes està llamado a predicar, con pasiòn, la Palabra que salva, a llevar el "Verbo de la vida" que los discìpulos han contemplado y que hoy està a la base de nuestra comuniòn y de nuestra misiòn.. Sean concientes de su misiòn: al mundo no le faltarà el Evangelio en la medida en que vuestra vida sea Evangelio donde los demàs puedan leer las grandes obras que Dios ha realizado y continùa realizando en medio de su pueblo.

 

El Movimiento juvenil es ya una realidad viva y significativa dentro de la Famiglia Dominicana. Definido por el Capìtulo de Bologna como un signo del Espìritu que actùa en nuestro tiempo representa la nueva juventud de la Orden. Lleven vitalidad y frescura a nuestras comunidades, cuiden y testimonien su pertenencia a Cristo; la Orden està orgullosa de ustedes!

 

En su primera carta, San Pedro exhortaba a los cristianos a dar razòn de la esperanza presente en ellos. Hoy tambièn, en un mundo lleno de alternativas alentadoras que propone caminos fàciles, vuestra predicaciòn sea la esperanza, vuestra propuesta sea el rostro misericordioso de Cristo. Sean el signo de una humanidad nueva que realiza las cosas con pasiòn y con alegrìa, seguros de que Dios ama e invita a cada hombre a sentarse con El en su Reino. Un dìa fr. Renè Bouchet OP dijo en una homilìa: Vale la pena dar la propia vida para anunciar a los hombres otras cosas que no sean los rumores de la guerra, los frutos del odio, las leyes de la indiferencia y el precio del dinero. Vale la pena perder la propia vida, quemarla, para anunciar a los pobres que son amados, a aquellos que lloran que seràn consolados, a los puros de corazòn que veràn a Dios, a todos que no teman. Esta palabra nace en aquellos que deben hacerse centros de pasiòn, santuarios de compasiòn.

 

Asì lo ha querido Domingo desde el principio: no ha tenido paz hasta que no ha encontrado unos hermanos, no para hacer nùmero, sino para vivir con ellos y experimentar en todos los modos la palabra que tenìa que llevar. Es hacièndose portavoz de la Buena Nueva que èl ha atraìdo y continùa atrayendo detràs de sus huellas, hombres y mujeres que no pueden soportar la idea de ir hacia la ciudad de Dios, sin compartir con los propios hermanos, los hombres, todos los hombres, la felicidad que les ha sido donada..

Què todos los hombres sean salvados, què cada hombre sea salvado, èsta es nuestra pasiòn, nuestra oraciòn,nuestra tarea… (Jean-Renè Bouchet op, 12. IX.1987)

 

Den razones, a vuestros coetaneos, de este optimismo que debe animar vuestro corazòn, y del que son portadores privilegiados. Sòlo de este modo seràn sal de la tierra y luz del mundo, constituidos junto con Domingo, para "predicar el Verbo" de la Vida.

 

Participar a una misiòn grande y comprometedora, hecha de sucesos y de derrotas, pero reconfortada por la presencia de Aquel que ha dicho "yo estarè con ustedes hasta el fin del mundo" nos debe estimular para un continuo camino interior, capaz de llevarnos hasta el fondo allì donde hay necesidad de nosotros.

 

A todos renuevo mi augurio màs sincero para que estos dìas sean plenos de grande y verdadera fraternidad, pero sobre todo de la capacidad de entrar en el corazòn de las cosas, para descubrir su valor.

 

Vuestro hermano

 

 

 

 

22 de julio del 2000

S.Marìa Magdalena

 

Prot. N° 50/00/1,171 LMO

 

 

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